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LAPIDARIUM

Amar las cosas externas es "alienarse" (vivir de lo ajeno).


San Agustín. La Trinidad, 11,5,9.

LAPIDARIUM

Buscar el reposo en las cosas externas es prostituir el alma.

San Agustín. La Trinidad, 11,5,9

LAPIDARIUM

Cuando el ser humano, descuidando su interior, se divierte con lo que está fuera de él, se convierte en un pródigo que apacienta los puercos de sus vanidades.


San Agustín. Sermón 96,2

LAPIDARIUM


La voz de la verdad no calla nunca. No grita con los labios, pero susurra en el corazón. ¡Aplica el oído interior!


San Agustín. Comentarios a los Salmos, 57,2

LAPIDARIUM

Dentro del corazón soy lo que soy.

San Agustín. Confesiones, 10,3,4.

LAPIDARIUM

Quien tiene en ruina la propia casa se aleja de ella para no ser víctima de su posible derrumbamiento. Quien se ve perseguido en su interior por una mala conciencia, tiene miedo de sí mismo y se aleja de sí. Con el deseo del alma se dedica a andar por fuera tratando de deleitarse y descansar en las frivolidades. ¿Por qué intenta distraerse fuera? Porque no encuentra dentro la paz y el solaz de su conciencia.

San Agustín. Comentarios a los Salmos, 100,4.

LAPIDARIUM

Deja siempre un pequeño margen para la reflexión, margen para el silencio. Entra dentro de ti mismo y deja atrás el ruido y la confusión. Bucea en tu intimidad y trata de encontrar ese dulce rincón escondido del alma, donde, libre de ruidos y argumentos, no necesitas entablar disputas sin término contigo mismo para salirte siempre con la tuya. Escucha la voz de la verdad en reflexión y en silencio para que logres entenderla.

San Agustín, Sermón 52,19,22.

LAPIDARIUM

No podrás juzgar a los demás, a no ser que seas capaz de juzgarte a ti mismo. Entra, pues, dentro de ti y siéntate como reo en el tribunalde tu conciencia. Pon a prueba tu integridad como juez en esa sala interior de justicia en la que no necesitas depender de testigos externos. 

San Agustín, Sermón 13,6,7.

LAPIDARIUM

¿Te preocupa el que el árbol de tu vida tenga las ramas podridas? No pierdas el tiempo; cuida bien de la raíz, y no tendrás que andarte por las ramas.

San Agustín, Comentarios a los Salmos, 79,2.

LAPIDARIUM

No te desparrames. Concéntrate en tu intimidad. La Verdad reside en el hombre interior.

San Agustín, La verdadera religión, 39,72.

LAPIDARIUM

¡Cuántas riquezas atesora el hombre en su interior!
Pero ¿de qué le sirven, si no se sondea e investiga a sí mismo?

San Agustín, Comentarios a los Salmos, 76, 9.

LAPIDARIUM

Cuanto menos atención presta el ser humano a sus propios fallos, tanto más curioso se vuelve para escudriñar los ajenos. Al no poder excusarse a sí mismo, trata de sacarse la espina acusando a los demás.

San Agustín, Sermón 19,2.

LAPIDARIUM


El ser humano empeora y se empobrece cuando, lanzándose a la conquista de lo exterior, vive arrojando sus propias intimidades.

San Agustín, Carta 55,9.

LAPIDARIUM


¿Por qué te agrada tanto hablar y tan poco escuchar?
Andas siempre fuera de ti, y rehúsas regresar a ti.
El que enseña de verdad está adentro.
En cambio, cuando tú tratas de enseñar, te sales de ti mismo y andas por fuera.
Escucha, primero, al que habla adentro y, desde dentro, habla después a los que están fuera.

San Agustín, Comentarios a los Salmos, 139,15.

LAPIDARIUM


Se desplaza la gente para admirar los picachos de las montañas, las gigantescas olas del mar, las anchurosas corrientes de los ríos, el perímetro del océano y las órbitas de los astros, mientras se olvidan de sí mismos...

San Agustín, Confesiones, 10,8,15).

LAPIDARIUM

Desagrádate en lo que eres, para que merezcas ser lo que aún no eres.

San Agustín Comentarios a los Salmos, 99,5.

LAPIDARIUM

Nada está perdido mientras haya ilusión por encontrarlo.

San Agustín La música, 6,23.

LAPIDARIUM

¿Cuál ha de ser nuestro afán de cada día? El intentar siempre lo mejor, pero sin cansarse jamás de intentarlo. Por muy lejos que hayamos llegado, el ideal está siempre más allá.

San Agustín. Comentarios a los salmos, 38,4.

LAPIDARIUM


Somos caminantes, peregrinos en tránsito.
Debemos, pues, sentirnos insatisfechos con lo que somos, si queremos llegar a lo que aspiramos.
Si nos complace lo que somos, dejaremos de avanzar.
Si lo creemos suficiente, no volveremos a dar un paso.
Sigamos, pues, marchando, yendo hacia adelante, caminando hacia la meta.
No tratemos de parar en el camino, o de volver la vista atrás, o de desviarnos de la ruta.
El que se para, no avanza.
El que añora lo pasado, vuelve la espalda a la meta.
El que se desvía, pierde la esperanza de llegar.
Es mejor ser un cojo en el camino que un buen corredor fuera de él.

San Agustín Sermón 169, 15,18.

LAPIDARIUM


Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

San Agustín Confesiones, 1,1,1