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HAY VARIOS TIPOS DE RESPONSABILIDAD


Son las siguientes:
1.- La responsabilidad psicológica: uno es responsable de lo que hace libre y conscientemente
2.- La responsabilidad ética: conocimiento y cumplimiento de los propios derechos y deberes
3.- La responsabilidad retrospectiva: de lo que hemos hecho - o no ! Omisión - en el pasado
4.- La responsabilidad prospectiva: de lo que debemos hacer para que pasa lo que deseamos que pase.
5.- La responsabilidad colectiva: la acumulación de actos personales que crea un valor dominante en un grupo, en una sociedad, etc

HAY UNOS RASGOS MUY CLAROS EN EL BUEN CIUDADANO


1.- Convive cooperando para construir un mundo más justo donde todos puedan vivir los derechos humanos
2.- Conoce el proyecto ético de los derechos humanos y sus razones razonadas y razonables: por qué es de lo mejor que nos puede pasar
3.- Tiene deberes cívicos por ley y en conciencia: conoce los derechos y los deberes que implica todo lo anterior y tener la valentía de reclamarlos y de cumplirlos
4.- Fomenta sentimientos de fraternidad, el ideal de que el hombre es hermano del hombre
5.- Fomenta la convivencia en, desde, para la dignidad humana
6.- Fomenta la convivencia desde la sensibilidad samaritana -compasión-
7.- Todo lo anterior se puede sintetizar en que es responsable, justo y solidario

VERITATIS SPLENDOR 39-41

39. No sólo el mundo, sino también el hombre mismo ha sido confiado a su propio cuidado y responsabilidad. Dios lo ha dejado «en manos de su propio albedrío» (Si 15, 14), para que busque a su creador y alcance libremente la perfección. Alcanzar significa edificar personalmente en sí mismo esta perfección. En efecto, igual que gobernando el mundo el hombre lo configura según su inteligencia y voluntad, así realizando actos moralmente buenos, el hombre confirma, desarrolla y consolida en sí mismo la semejanza con Dios.

El Concilio, no obstante, llama la atención ante un falso concepto de autonomía de las realidades terrenas: el que considera que «las cosas creadas no dependen de Dios y que el hombre puede utilizarlas sin hacer referencia al Creador» 67. De cara al hombre, semejante concepto de autonomía produce efectos particularmente perjudiciales, asumiendo en última instancia un carácter ateo: «Pues sin el Creador la criatura se diluye... Además, por el olvido de Dios la criatura misma queda oscurecida».
40. La enseñanza del Concilio subraya, por un lado, la actividad de la razón humana cuando determina la aplicación de la ley moral: la vida moral exige la creatividad y la ingeniosidad propias de la persona, origen y causa de sus actos deliberados. Por otro lado, la razón encuentra su verdad y su autoridad en la ley eterna, que no es otra cosa que la misma sabiduría divina . La vida moral se basa, pues, en el principio de una «justa autonomía» del hombre, sujeto personal de sus actos. La ley moral proviene de Dios y en él tiene siempre su origen. En virtud de la razón natural, que deriva de la sabiduría divina, la ley moral es, al mismo tiempo, la ley propia del hombre. En efecto, la ley natural, como se ha visto, «no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios ha donado esta luz y esta ley en la creación». La justa autonomía de la razón práctica significa que el hombre posee en sí mismo la propia ley, recibida del Creador. Sin embargo, la autonomía de la razón no puede significar la creación, por parte de la misma razón, de los valores y de las normas morales. Si esta autonomía implicase una negación de la participación de la razón práctica en la sabiduría del Creador y Legislador divino, o bien se sugiriera una libertad creadora de las normas morales, según las contingencias históricas o las diversas sociedades y culturas, tal pretendida autonomía contradiría la enseñanza de la Iglesia sobre la verdad del hombre. Sería la muerte de la verdadera libertad: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque, el día que comieres de él, morirás sin remedio» (Gn 2, 17).

41. La verdadera autonomía moral del hombre no significa en absoluto el rechazo, sino la aceptación de la ley moral, del mandato de Dios: «Dios impuso al hombre este mandamiento...» (Gn 2, 16). La libertad del hombre y la ley de Dios se encuentran y están llamadas a compenetrarse entre sí, en el sentido de la libre obediencia del hombre a Dios y de la gratuita benevolencia de Dios al hombre. Y, por tanto, la obediencia a Dios no es, como algunos piensan, una heteronomía, como si la vida moral estuviese sometida a la voluntad de una omnipotencia absoluta, externa al hombre y contraria a la afirmación de su libertad. En realidad, si heteronomía de la moral significase negación de la autodeterminación del hombre o imposición de normas ajenas a su bien, tal heteronomía estaría en contradicción con la revelación de la Alianza y de la Encarnación redentora, y no sería más que una forma de alienación, contraria a la sabiduría divina y a la dignidad de la persona humana.
Algunos hablan justamente de teonomía, o de teonomía participada, porque la libre obediencia del hombre a la ley de Dios implica efectivamente que la razón y la voluntad humana participan de la sabiduría y de la providencia de Dios. Al prohibir al hombre que coma «del árbol de la ciencia del bien y del mal», Dios afirma que el hombre no tiene originariamente este «conocimiento», sino que participa de él solamente mediante la luz de la razón natural y de la revelación divina, que le manifiestan las exigencias y las llamadas de la sabiduría eterna. Por tanto, la ley debe considerarse como una expresión de la sabiduría divina. Sometiéndose a ella, la libertad se somete a la verdad de la creación. Por esto conviene reconocer en la libertad de la persona humana la imagen y cercanía de Dios, que está «presente en todos» (cf. Ef 4, 6); asimismo, conviene proclamar la majestad del Dios del universo y venerar la santidad de la ley de Dios infinitamente trascendente. Deus semper maior.

Centesimus annus 42


El valor de la libertad, como expresión de la singularidad de cada persona humana, es respetado cuando a cada miembro de la sociedad le es permitido realizar su propia vocación personal; es decir, puede buscar la verdad y profesar las propias ideas religiosas, culturales y políticas; expresar sus propias opiniones; decidir su propio estado de vida y, dentro de lo posible, el propio trabajo; asumir iniciativas de carácter económico, social y político. Todo ello debe realizarse en el marco de un « sólido contexto jurídico », dentro de los límites del bien común y del orden público y, en todos los casos, bajo el signo de la responsabilidad.
Centesimus annus 42

Sollicitudo rei socialis 38


No es posible amar al prójimo como a sí mismo y perseverar en esta actitud, sin la firme y constante determinación de esforzarse por lograr el bien de todos y de cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos.
Sollicitudo rei socialis 38

HAY QUE LLEGAR A LA AUTONOMÍA MORAL

Autonomía es actuar por cuenta propia: ser dueño de uno mismo, gobernarse. Autonomía moral es aplicar la propia escala de valores desde la propia conciencia a lo que pasa, se vive, etc... Hay que llegar a la autonomía moral, a ser capaces de ser plenamente responsables de uno mismo, de sus actos y de las opciones que se toman en la vida: de vivir las propias convicciones elegidas por uno mismo.

NO HAY ACTO HUMANO NEUTRO


Un acto humano es aquel que es libre y consciente... en que se busca conseguir algo, un fin.
Al elegir elegimos aplicando una escala de valores, unas preferencias. Y al actuar hay unas consecuencias de las que debemos hacernos cargo.
Por esto en todo acto humano hay una implicación personal: tomamos decisiones y asumimos las consecuencias

LA LIBERTAD NO ES SÓLO ELEGIR


La libertad es la capacidad de los seres humanos para hacerse dueño de la propia vida. O sea la capacidad de decidir acerca de lo que se desea - los fines que busca - y los medios a usar. La libertad implica hacerse cargo de la propia vida y de las consecuencias de los propios actos. No es sólo elegir, preferir... sino realizar lo que sea necesario para “conseguir lo que se desea”. El elegir y dar los pasos adecuados para que ocurra lo que deseamos: es implicarse en lo que deseamos que ocurra.
Libertad no es sólo poder elegir... sino vivir lo que deseamos vivir implicándonos en ello.

LA LIBERTAD IMPLICA RESPONSABILIDAD

La libertad es “actuar por cuenta propia, con autonomía...”Se trata de hacerse cargo de la realidad - ver, valorar..., - y actuar. Todo acto de libertad implica “ponerse manos a la obra”, actuar para que ocurran los efectos que se buscan. Si uno actúa, está implicado en las consecuencias.

RESPONSABILIDAD


1.- Es la obligatoriedad moral de asumir las consecuencias de los actos realizados libre y conscientemente.
2.- Desde el punto de vista de la filosofía personalista es la obligatoriedad de hacerse cargo, cargar y encargarse de que, en la medida de las propias posibilidades, todos los seres humanos vivan con dignidad. O sea, “el ser humano es hermano del ser humano”: es responder a la llamada de la conciencia, de la necesidad de vivir con integridad y autenticidad.

NO HAY ACTO HUMANO NEUTRO

Un acto humano es aquel que es libre y consciente... en que se busca conseguir algo, un fin.
Al elegir elegimos aplicando una escala de valores, unas preferencias. Y al actuar hay unas consecuencias de las que debemos hacernos cargo.
Por esto en todo acto humano hay una implicación personal: tomamos decisiones y asumimos las consecuencias.

LA LIBERTAD IMPLICA RESPONSABILIDAD

La libertad es “actuar por cuenta propia, con autonomía...”

Se trata de hacerse cargo de la realidad - ver, valorar..., - y actuar.

Todo acto de libertad implica “ponerse manos a la obra”, actuar para que ocurran los efectos que se buscan.

Si uno actúa, está implicado en las consecuencias.

LA MADUREZ MORAL SE ALCANZA CUANDO ACTUAMOS SIENDO DUEÑOS DE NOSOTROS MISMOS


Las capacidades humanas son educables, mejorables, entrenables... hasta que llegan a “un nivel aceptable de rendimiento beneficioso para uno mismo y para los demás...”
La libertad es ser dueño de uno mismo, con todo lo que eso implica de autonomía, responsabilidad... acerca de la autoconstrucción y de la voluntad de conseguir “lo que uno desea en la vida...”.
La madurez moral es poder “ver, valorar/decidr/actuar” de tal modo que se ayuda uno a sí mismo y ayuda a los demás a vivir con dignidad.

CIUDADANO


Persona que vive consciente y libremente en una sociedad democrática.
Esto implica que tiene una serie de derechos y deberes, recogidos en la legislación.
Los derechos son el reconocimiento y la custodia por parte del Estado de sus derechos humanos.
Los deberes son la presencia activa en los procesos de convivencia de tal modo que se colabora responsablemente en el mantenimiento y la mejorar de los grandes valores de la la vida en común a nivel local, nacional, regional y universal:
la paz,
la libertad,
la justicia,
la cohesión social
y la solidaridad entre las personas, los pueblos y las culturas.

Sin ciudadanos activos y responsables no es posible el cuidado, el respeto y la realización de los derechos humanos.

No se es ciudadano responsable automáticamente.

Hay que querer: compromiso
Hay que  poder: educación y estado social y de derecho.

ACTUAR RESPONSABLEMENTE TIENE UNA SERIE DE PASOS MUY CLAROS


Actuar responsablemente es específico del ser humano debido a su condición moral, debido a que vemos, valoramos y actuamos.
Los pasos son:

  • Parar el impulso, el automatismo...
  • Deliberar, discernir, reflexionar...
  • Tomar la decisión decididamente
  • Ser capaces de soportar el esfuerzo y aplazar la recompensa.
Es ejercer la voluntad: es entrenable, educable...