No podrás juzgar a los demás, a no ser que seas capaz de juzgarte a ti mismo. Entra, pues, dentro de ti y siéntate como reo en el tribunalde tu conciencia. Pon a prueba tu integridad como juez en esa sala interior de justicia en la que no necesitas depender de testigos externos.
San Agustín, Sermón 13,6,7.
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