Deja siempre un pequeño margen para la reflexión, margen para el silencio. Entra dentro de ti mismo y deja atrás el ruido y la confusión. Bucea en tu intimidad y trata de encontrar ese dulce rincón escondido del alma, donde, libre de ruidos y argumentos, no necesitas entablar disputas sin término contigo mismo para salirte siempre con la tuya. Escucha la voz de la verdad en reflexión y en silencio para que logres entenderla.
San Agustín, Sermón 52,19,22.
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